
Un denominador común va ligado a la actuación de las grandes estrellas del deporte. Se aprecia, de una forma clara, el disfrute que les provoca la práctica deportiva y cómo lo transmiten al resto de observadores. Michael Jordan, Gasol, Navarro, Bennett, Zidane, Ronaldinho, Agassi, comunican sensaciones de felicidad compatibles con el buen juego y con la victoria. La satisfacción personal, en el contexto adecuado, va unida a los buenos resultados.
Esta cualidad no es exclusiva de los mejores, sino que aparece en todos los ámbitos, categorías y niveles. Nacho Rodriguez, Gonzalo Martínez o Reynés, no tienen el status de los mencionados arriba, pero transmiten y disfrutan tanto como ellos y queda reflejado partido tras partido en los equipos a los que pertenecen. Diferenciando los objetivos (la victoria no es imprescindible en formación) podemos encontrar ejemplos de este tipo desde alevines hasta seniors.
Los Drs. en psicología del deporte Susan Jackson y Mihaly Csikszentmihalyi en su libro "Fluir en el deporte"(Paidotribo 2002) profundizan en el tema y proponen varias dimensiones para "sentirse completamente en sintonía con lo que se está haciendo". Parece fundamental buscar un equilibrio entre desafíos y habilidades. Para divertirse un deportista debe saber cuál es su nivel y, a partir de aquí, marcarse retos asequibles que estén en consonancia con sus características. Argumentando en lo absurdo; un jugador no puede pretender ingresar en la NBA si tiene 30 años y está compitiendo en EBA. De la misma forma no parece la mejor opción fichar por un equipo grande y ver los partidos desde el banquillo. Sí, en cambio, puede ser gratificante cumplir un determinado rol que esté acorde con las capacidades del deportista.
Es básico aprender a prescindir del resultado y tener consciencia de que los medios son más importantes que el fin. Ganar forma parte de un proceso. Es en ese proceso donde hay que buscar el disfrute. En estas condiciones aumenta la sensación de control, el grado de concentración y la pasión por la actividad. Por contra disminuye la presión, el cansancio y el agarrotamiento.
A Yanik Noah (ex tenista) le comentaban que los triunfos daban la felicidad. Después de ganar Rolland Garros descubrió que era al revés: "La felicidad con la que he venido al torneo me ha llevado al éxito".
Entrenadores y padres tienen un papel determinante a la hora de transmitir sensaciones positivas a los futuros deportistas. Estos valoran los pequeños-grandes detalles (una cena de equipo, un torneo, un viaje) que van encaminados a que salten a la pista con la máxima ilusión. Los educadores deben confiar en los jugadores, no cortarles las alas y pensar que se pueden equivocar. El error forma parte del juego y ayuda a mejorar. Como decía Michael Jordan: "He llegado tan alto porque me he equivocado muchas veces". Los grandes campeones siempre recuerdan a aquel preparador, padre o amigo que les inculcó el amor por su deporte.
Esta cualidad no es exclusiva de los mejores, sino que aparece en todos los ámbitos, categorías y niveles. Nacho Rodriguez, Gonzalo Martínez o Reynés, no tienen el status de los mencionados arriba, pero transmiten y disfrutan tanto como ellos y queda reflejado partido tras partido en los equipos a los que pertenecen. Diferenciando los objetivos (la victoria no es imprescindible en formación) podemos encontrar ejemplos de este tipo desde alevines hasta seniors.
Los Drs. en psicología del deporte Susan Jackson y Mihaly Csikszentmihalyi en su libro "Fluir en el deporte"(Paidotribo 2002) profundizan en el tema y proponen varias dimensiones para "sentirse completamente en sintonía con lo que se está haciendo". Parece fundamental buscar un equilibrio entre desafíos y habilidades. Para divertirse un deportista debe saber cuál es su nivel y, a partir de aquí, marcarse retos asequibles que estén en consonancia con sus características. Argumentando en lo absurdo; un jugador no puede pretender ingresar en la NBA si tiene 30 años y está compitiendo en EBA. De la misma forma no parece la mejor opción fichar por un equipo grande y ver los partidos desde el banquillo. Sí, en cambio, puede ser gratificante cumplir un determinado rol que esté acorde con las capacidades del deportista.
Es básico aprender a prescindir del resultado y tener consciencia de que los medios son más importantes que el fin. Ganar forma parte de un proceso. Es en ese proceso donde hay que buscar el disfrute. En estas condiciones aumenta la sensación de control, el grado de concentración y la pasión por la actividad. Por contra disminuye la presión, el cansancio y el agarrotamiento.
A Yanik Noah (ex tenista) le comentaban que los triunfos daban la felicidad. Después de ganar Rolland Garros descubrió que era al revés: "La felicidad con la que he venido al torneo me ha llevado al éxito".
Entrenadores y padres tienen un papel determinante a la hora de transmitir sensaciones positivas a los futuros deportistas. Estos valoran los pequeños-grandes detalles (una cena de equipo, un torneo, un viaje) que van encaminados a que salten a la pista con la máxima ilusión. Los educadores deben confiar en los jugadores, no cortarles las alas y pensar que se pueden equivocar. El error forma parte del juego y ayuda a mejorar. Como decía Michael Jordan: "He llegado tan alto porque me he equivocado muchas veces". Los grandes campeones siempre recuerdan a aquel preparador, padre o amigo que les inculcó el amor por su deporte.
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