
Muchas veces los jugadores justifican su decisión de dejar un equipo para fichar por otro apelando a que son profesionales, que la vida de un deportista de élite es corta, y que deben elegir la mejor opción para su futuro.
Otras veces los entrenadores o los directivos pregonan a los cuatro vientos que poseen un grupo de grandes profesionales para dar a entender a los aficionados que su equipo trabaja muy duro cada día. Los mismos jugadores, normalmente en momentos personales o de equipo difíciles, suelen declarar que son profesionales y que saben cómo afrontar estas situaciones.He preguntado a distintos jugadores qué significa ser un buen profesional y la inmensa mayoría me ha contestando algo parecido a entrenar y jugar siempre al máximo, duro y concentrado.
Alguno ha ido un poco más allá comentando también la importancia de llevar una vida ordenada, descansar las horas necesarias y seguir una alimentación adecuada para poder rendir al cien por cien. Seguro que todo esto es importante pero creo que todos estos calificativos no definen necesariamente a un buen profesional, podrían definir perfectamente a un buen mercenario; “Que percibe un salario por su trabajo o una paga por sus servicios”.Un buen profesional también tiene que ver con el corazón, con los sentimientos, con el deseo de pertenecer a un grupo, de involucrarse con el equipo, con el Club y con la ciudad. Sólo de esta manera puede canalizar su esfuerzo y concentración en beneficio del equipo. Hace unos días leí una frase que diferencia de manera muy gráfica los que consiguen ser buenos profesionales de los que no: “hay jugadores que juegan por lo que pone delante de sus camisetas y otros que juegan por lo que pone detrás”.
Evidentemente la profesionalidad no entiende de egoísmos.
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