Cuando explicamos algo en un entrenamiento, o cuando damos una instrucción en un partido, ¿somos capaces de hacernos entender? Muchas veces vemos cómo insistimos una y otra vez en algunos aspectos, y los jugadores “no nos hacen caso” (estos jugadores… que no hacen ni caso… pues normal que no salgan las cosas!). Quizás es que la manera de expresarnos no permite a los jugadores entender lo que le decimos, porque nuestra manera de ver las cosas es muy distinta, y ellos no dominan los conceptos de la misma manera que nosotros.
Un día durante esta temporada, me pregunté ¿Y mis jugadoras ya me entienden cuando yo hablo? ¿Me explico bien? Creo que es muy importante. Me preguntaba también si todas mis jugadoras entendían bien conceptos como lado fuerte y lado débil, invertir el balón, o balance defensivo. Eran cosas que había repetido numerosas veces en las últimas semanas, pero sospechaba que podía llevarme alguna sorpresa.
Cuando nosotros preparamos un ejercicio planteamos uno o dos objetivos principalmente, y tenemos que conseguir que los jugadores los entiendan. De alguna manera, podría decirse que no se trata de explicarlos, sino de conseguir que nos los entiendan (contarlo de una manera que nuestros jugadores nos entiendan, que debe ser totalmente distinta a cómo yo se la cuento a otro entrenador cuando le explico lo que yo quería hacer con este ejercicio).
La conclusión que yo mismo me saqué después de pensar todo esto es que si las jugadoras “no saben”, no entienden o no hacen algo correctamente es que yo no les explico bien, y que si las jugadoras no juegan con ganas no es que les falta motivación, sino que soy yo el que no sabe motivarles. Desde entonces intento poner menos excusas (es que hoy no estaban con ganas, es que no escuchan, es que…) y buscar soluciones en mí.
quanta raó
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